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Date of release: 21 January, 2013 (Enero 21, 2013)

Why do women use phytoestrogens?

Once again, yet another paper has been published to add to the many studies on phytoestrogens. There are so much data on this issue that one may get lost trying to understand whether there are any real benefits for women who use such products. That’s why I liked this new study, which summarizes its results in a very brief but clear way [1]. Its purpose was to assess the effect of soy isoflavone (80 or 120 mg daily aglycone hypocotyl) on quality of life in postmenopausal women. A multicenter, randomized, double-blind, placebo-controlled, 24-month trial included 403 postmenopausal women (mean age 55 years) using a validated Menopause-Specific Quality of Life questionnaire, containing 29 items grouped into four domains (vasomotor, psychological, physical and sexual). About one-third of women in each arm were equol producers. Domain scores at 1 year and 2 years were similar to those at baseline. There were no differences in domain scores among treatment groups. Thus the conclusion was that soy isoflavone supplementation offers no benefit to quality of life in postmenopausal women.

¿Por qué las mujeres usan los fitoestrógenos?

Una vez más, otro documento ha sido publicado para añadir a los muchos estudios sobre los fitoestrógenos. Hay muchos datos sobre este tema que uno puede perderse tratando de entender si hay beneficios reales para las mujeres que utilizan este tipo de productos. Por eso me gustó este nuevo estudio, que resume sus resultados de manera corta y clara [1]. Su objetivo fue evaluar el efecto de la isoflavona de soya (80 o 120 mg día de hipocotilo aglicona) sobre la calidad de vida en mujeres postmenopáusicas. Fue un estudio multicéntrico, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, de 24 meses que incluyó 403 mujeres postmenopáusicas (edad media 55 años) usando el cuestionario validado de Calidad de Vida Específico de la Menopausia, que contiene 29 ítems agrupados en cuatro dominios (vasomotor, psicológico, físico y sexual). Alrededor de un tercio de las mujeres en cada grupo eran productores de equol. Los puntajes por dominio al 1 y 2 años fueron similares a los basales. No hubo diferencias en las puntuaciones del dominio entre los grupos de tratamiento. Así, la conclusión fue que la suplementación con isoflavonas de soya no ofrece ningún beneficio a la calidad de vida en las mujeres postmenopáusicas.

Comment

My next step was to look for other potential benefits of the same type of soy isoflavone. Another recent study from the same group of investigators looked at metabolic and vascular variables during a 6-week period of daily supplementation with 80 mg soy hypocotyl isoflavones. When compared with placebo and after control for pretreatment values, soy had no effect on arginine flux, citrulline flux, nitric oxide synthesis, blood pressure, forearm blood flow, or estimates of arterial stiffness [2]. Then I remembered that some previous soy studies presented positive bone data. Well, the above research team kindly provided us with relevant information, which actually pointed in the same direction [3]. They reported that, after a 2-year follow-up, daily supplementation with 120 mg soy hypocotyl isoflavones reduced whole-body bone loss but did not slow bone loss at common fracture sites in healthy postmenopausal women. The same team was also keen to look at the safety aspects of such treatment and managed to publish another article covering these data [4]. I was relieved to know that, after 2 years of daily exposure to 80–120 mg soy hypocotyl isoflavones, all clinical chemistry values, except for urea, remained within the normal range. Isoflavone supplementation did not affect blood lymphocyte or serum free thyroxine concentrations. Neither were significant differences in endometrial thickness or fibroids observed. I almost forgot to mention one additional article from the same ‘publishing house’, easing any concern in regard to breast safety [5]. A model with all three mammograms that were performed during the 2-year study period did not show a treatment effect on any mammographic measure, but the change over time was significant; breast density decreased by 1.6%/year across groups (p < 0.001). Stratification by age and body mass index did not reveal any effects in subgroups. These findings offered reassurance that isoflavones do not act like hormone replacement medication on breast density [5]. 
 
It took me quite some time to grasp the general idea of all these manuscripts which originated from a single, randomized, placebo-controlled, rather large-scale study called OPUS (Osteoporosis Prevention Using Soy). No benefits, no risks related to this particular phytoestrogen. Or, if you will, this type of food supplement has no effect menopause-wise. So why do women use it? Could any of you explain this enigma? The investigators refer to the inconsistency vis-a-vis previous study results and note that their cohort was 5–6 years postmenopause and that women did not have a high baseline level of hot flushes. Also, the specific study product was rich in daidzein, but not in genistein. All these factors may be relevant to the effect on hot flushes and could explain why other products have tested better. Are we still missing hidden benefits to be reported? Anyway, the group of Wong and colleagues managed to exploit their negative results in a most productive way, which actually may be considered as a benefit, may it not?

Comentario

Mi siguiente paso fue buscar otros beneficios potenciales del mismo tipo de isoflavona de soya. Otro estudio reciente del mismo grupo de investigadores examinó las variables metabólicas y vasculares durante un período de 6 semanas de suplementación diaria con 80 mg de isoflavonas de soya hipocotilo. Cuando se compara con el placebo y después de control para los valores de pretratamiento, la soya no tuvo efecto sobre el flujo de arginina, el flujo de citrulina, la síntesis de óxido nítrico, la presión sanguínea, el flujo sanguíneo en el antebrazo, o las estimaciones de la rigidez arterial [2]. Entonces recordé que algunos estudios anteriores de soya presentaron datos óseos positivos. Bueno, el equipo de investigación arriba citado amablemente nos proporcionó la información pertinente, que en realidad apunta en la misma dirección [3]. Reportaron que, después de 2 años de seguimiento, la suplementación diaria con 120 mg de isoflavonas de soya hipocotilo redujo la pérdida ósea en todo el cuerpo, pero no redujo la pérdida ósea en los lugares donde son los sitios comunes de fractura en mujeres postmenopáusicas sanas. El mismo equipo también ha querido mirar los aspectos de seguridad de dicho tratamiento y logró publicar otro artículo sobre estos datos [4]. Me sentí aliviado al saber que, después de 2 años de exposición diaria a 80–120 mg de isoflavonas de soja hipocotilo, todos los valores de química clínica, a excepción de urea, se mantuvieron dentro del rango normal. La suplementación con isoflavonas no afectó a los linfocitos sanguíneos o concentraciones séricas de tiroxina libre. Tampoco se encontraron diferencias significativas en el grosor endometrial o fibromas. Casi se me olvida mencionar un artículo adicional del mismo “equipo”, aliviando cualquier duda en cuanto a la seguridad de mama [5]. Un modelo con las tres mamografías que se realizaron durante el período de estudio de 2 años no mostró un efecto del tratamiento sobre cualquier medida mamográfica, pero el cambio a través del tiempo fue significativo; la densidad de la mama se redujo en 1.6%/año entre los grupos (p < 0.001). La estratificación por edad e índice de masa corporal no reveló ningún efecto en los subgrupos. Estos hallazgos ofrecen la seguridad de que las isoflavonas no actúan como medicamentos de reemplazo hormonal en la densidad de la mama [5]. Me tomó bastante tiempo para captar la idea general de todos los manuscritos que se originaron a partir de un único estudio aleatorizado, controlado con placebo, y algo a gran escala llamado OPUS (Prevención de Osteoporosis Uso Soya). No hay beneficios, no hay riesgos relacionados con este fitoestrógeno particular. O, si se quiere, este tipo de suplemento alimenticio no tiene efecto sobre la menopausia. Entonces, ¿por qué las mujeres lo utilizan? ¿Podría alguno de ustedes explicar este enigma? Los investigadores se refieren a las inconsistencias vis-a-vis (frente a frente) a estudios previos y notan que su cohorte tenía 5–6 años de postmenopausia y que las mujeres ya no tienen un alto nivel basal de sofocos. Además, el producto específico del estudio era rica en daidzeína, pero no en genisteína. Todos estos factores pueden ser relevantes para el efecto sobre los sofocos y podría explicar por qué otros productos han probado ser mejores. ¿Seguimos sin evidenciar beneficios ocultos por reportar? De todos modos, el grupo de Wong y sus colegas lograron explotar sus resultados negativos de una manera más productiva, que en realidad puede ser considerado como un beneficio, o no?

Amos Pines


Department of Medicine T, Ichilov Hospital, Tel-Aviv, Israel



    References

  1. Amato P, Young RL, Steinberg FM, et al. Effect of soy isoflavone supplementation on menopausal quality of life. Menopause 2012 Dec 3. Epub ahead of print.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23211877

  2. Wong WW, Taylor AA, Smith EO, Barnes S, Hachey DL. Effect of soy isoflavone supplementation on nitric oxide metabolism and blood pressure in menopausal women. Am J Clin Nutr 2012;95:1487-94.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22552034

  3. Wong WW, Lewis RD, Steinberg FM, et al. Soy isoflavone supplementation and bone mineral density in menopausal women: a 2-y multicenter clinical trial. Am J Clin Nutr 2009;90:1433-9.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19759166

  4. Steinberg FM, Murray MJ, Lewis RD, et al. Clinical outcomes of a 2-y soy isoflavone supplementation in menopausal women. Am J Clin Nutr 2011;93:356-67.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21177797

  5. Maskarinec G, Verheus M, Steinberg FM, et al. Various doses of soy isoflavones do not modify mammographic density in postmenopausal women. J Nutr 2009;139:981-6.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19321587


El siguiente comentario es una traducción de una contribución original en Inglés enviada a los miembros el Septiembre 24, 2012. La traducción ha sido gentilmente efectuada por el

Dr Peter Chedraui

Predictores de dispareunia postmenopáusica

Kao y colegas [1] recientemente han informado sobre la extensión por la que los niveles de estrógenos y progesterona, la atrofia vulvovaginal, los factores cognitivo-emocionales y el ajuste diádico son predictivos de la intensidad de la dispareunia posmenopáusica. Este estudio se realizó en una muestra final de 182 mujeres posmenopáusicas de 45–78 años tamizadas a través de una entrevista telefónica y que recibieron una remuneración para someterse a una entrevista estructurada sobre su estatus socio-demográfico así como su historia clínica y de dolor, examen ginecológico, la evaluación citológica, una toma de muestra de sangre, y para responder a una serie de cuestionarios de auto-reporte para medir la experiencia del dolor, estado de ánimo (ansiedad y depresión) y el ajuste de la relación y satisfacción. Se incluyeron tanto mujeres postmenopáusicas naturales (n = 153) como quirúrgicas (n = 29), así como aquellas que utilizaban diferentes formas de terapia hormonal. Los niveles hormonales no fueron encontrados de ser predictores consistentes de la intensidad del dolor. El valor de maduración y las variables cognitivo-emocionales (por ej, catastrofización, depresión, ansiedad) fueron predictores significativos de dolor vestibular, que afectó a más del 90% de las mujeres. Las variables de ajuste conyugal se asociaron inversamente con la severidad del dolor en varios lugares genitales. Los autores concluyeron que la conceptualización tradicional de la dispareunia posmenopáusica ligada a la atrofia vulvovaginal y el hipoestogenismo es un modelo explicativo insuficiente, y que el dolor también se ve influido por factores cognitivos, afectivos y diádicos.

Comentario

No hay duda de que el hipoestrogenismo no es el único factor determinante de síntomas relacionados con la atrofia vulvovaginal. De hecho, muchos otros factores biológicos desempeñan un rol como el hipoandrogenismo, la paridad, el tabaquismo, el uso de drogas y la frecuencia de la actividad coital [2]. Además, no es nueva la idea de que varios problemas intra- e interpersonales también pueden afectar la calidad de las relaciones que son sumamente importantes para la expresión de sentimientos y comportamientos sexuales [3]. Sin embargo, la terapia con estrógeno, entregado tanto a nivel local como sistémica, es el estándar de oro para el tratamiento de la atrofia vulvovaginal [4] con una mejora significativa en la salud sexual [5]. Kao y colegas [1] diseñaron un estudio en el que cerca de un cuarto de las mujeres informaron dispareunia antes de la menopausia, lo que sugiere que el dolor sexual procedía a los cambios del entorno hormonal. Además, la dosis indetectable de estradiol y los niveles muy bajos de progesterona en la posmenopausia podrían ser responsables por la falta de correlación con atrofia vaginal encontrada por los autores. Se ha demostrado previamente que las variables hormonales y algunas psicológicas son relevantes para la función sexual en mujeres sintomáticas durante la transición de la menopausia y en la menopausia temprana, pero su función difiere con la etapa específica del envejecimiento reproductivo [6]. Por lo tanto, analizar una muestra de mujeres posmenopáusicas recientes junto a mujeres muy mayores que han tenido deficiencia de estrógenos durante muchos años podría no ser el enfoque correcto para probar la idea de que la dispareunia no es dependiente de estrógeno en las mujeres posmenopáusicas. De hecho, el impacto de los factores emocionales y de las relaciones está presente durante toda la vida reproductiva, y los trastornos sexuales vinculados al dolor son muy a menudo el resultado de una deficiencia multidimensional, independiente de la etapa reproductiva [7]. Además, el posible rol de los andrógenos en la respuesta sexual femenina, no sólo en modular el deseo sexual, sino también en afectar el tejido vulvovaginal, ha sido pasado por alto por los autores y merece más atención [8]. En conclusión, a pesar de que los resultados del estudio realizado por Kao y colaboradores [1] señalan la necesidad de una visión integrada de la función sexual en la menopausia y la importancia de la relación de la pareja en el tratamiento del dolor sexual, se necesita de más estudios bien diseñados antes de minimizar el rol del tratamiento con estrógenos para el bienestar sexual a lo largo de la menopausia y más allá.

Rossella Nappi

Gynecological Endocrinology & Menopause Unit, University of Pavia, Italy

References

  1. Kao A, Binik YM, Amsel R, et al. Biopsychosocial predictors of postmenopausal dyspareunia: the role of steroid hormones, vulvovaginal atrophy, cognitive-emotional factors, and dyadic adjustment. J Sex Med 2012;9:2066-76.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22621792

  2. Castelo-Branco C, Cancelo MJ, Villero J, Nohales F, Juliá MD. Management of post-menopausal vaginal atrophy and atrophic vaginitis. Maturitas 2005;52(Suppl 1):S46-52.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16139449

  3. Dennerstein L, Dudley EC, Hopper JL, Guthrie JR, Burger HG. A prospective population-based study of menopausal symptoms. Obstet Gynecol 2000;96:351-8.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10960625

  4. Sturdee DW, Panay N; International Menopause Society Writing Group. Recommendations for the management of postmenopausal vaginal atrophy. Climacteric 2010;13:509-22.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20883118

  5. Nappi RE, Polatti F. The use of estrogen therapy in womens sexual functioning. J Sex Med 2009;6:603-16.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19284468

  6. Nappi RE, Albani F, Santamaria V, et al. Hormonal and psycho-relational aspects of sexual function during menopausal transition and at early menopause. Maturitas 2010;67:78-83.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20554405

  7. van Lankveld JJ, Granot M, Weijmar Schultz WC, et al. Womens sexual pain disorders. J Sex Med 2010;7:615-31.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20092455

  8. Goldstein I, Alexander JL. Practical aspects in the management of vaginal atrophy and sexual dysfunction in perimenopausal and postmenopausal women. J Sex Med 2005;2(Suppl 3):154-65.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16422792

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