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Date of release: 17 June, 2013 (Junio 17, 2013)

Sugary foods and gynecological cancer risk


Once in 5 years, the American Cancer Society publishes its updated guidelines on nutrition and physical activity in the context of cancer prevention [1]. Among the detailed advice is the following quote: 'Limit consumption of sugar-sweetened beverages such as soft drinks, sports drinks, and fruit-flavored drinks.' How this general phrasing relates to specific cancer types is discussed below, and a recent study serves as a good starting point [2]. The investigators evaluated the impact of dietary intake of sugary foods and beverages, as well as added sugar and total sugar on endometrial cancer risk in a population-based, case-control study, including 424 cases and 398 controls. Participants completed an interview and food frequency questionnaire and provided self-recorded waist and hip measurements. Women in the highest quartile of added sugar intake had significantly increased endometrial cancer risk (OR 1.84, 95% CI 1.16–2.92). Among women with waist-to-hip ratio ≥ 0.85, risk was significantly higher for the highest versus lowest tertile of added sugar intakes (OR 2.50, 95% CI 1.38–4.52). The association with added sugar also became stronger when analyses were restricted to never users of hormone replacement therapy (OR 2.03, 95% CI 1.27–3.26, for highest versus lowest tertile). There was little evidence of effect modification by body mass index or physical activity.

Alimentos azucaradas y el riesgo de cáncer ginecológico

Cada 5 años, la Sociedad Americana de Cáncer publica sus guías actualizadas sobre nutrición y actividad física en el contexto de la prevención del cáncer [1]. En estas guías se detalla lo siguiente: "Limitar el consumo de bebidas azucaradas, como refrescos, bebidas para deportistas y bebidas con sabor a frutas. Se discute a continuación el cómo esta frase general se relaciona a tipos específicos de cáncer? y un reciente estudio sirve como un buen punto de partida [2]. Los investigadores evaluaron el impacto de la ingesta de alimentos y bebidas azucaradas, así como añadir azúcar y azúcar total sobre el riesgo de cáncer de endometrio en un estudio de casos y controles basado en la población, incluyendo 424 casos y 398 controles. Los participantes completaron un cuestionario de entrevista y de frecuencia de alimentos y auto-proveyeron medidas de la cintura y de la cadera. Las mujeres en el cuartil más alto de ingesta de agregado de azúcar tuvieron un aumento significativo de riesgo de cáncer de endometrio (OR 1.84, IC 95%: 1.16 a 2.92). En mujeres con una relación cintura-cadera de ≥ 0.85 el riesgo fue significativamente mayor para el tercil más alto en comparación al tercil más bajo de ingesta de agregado de azúcar (OR 2.50, IC 95%: 1.38 a 4.52). La asociación con agregado de azúcar también se hizo más fuerte cuando los análisis se limitan a las no usuarias de la terapia de reemplazo hormonal (OR 2.03, IC 95% 1.27 a 3.26, para el tercil más alto en comparación al más bajo). Hubo poca evidencia de efecto de modificación a causa del índice de masa corporal o actividad física.

Comment

It is claimed that one-third of the cancer deaths that occur in the United States each year can be attributed to physical activity and diet habits, including the ill effects of overweight and obesity. The same risk factors are relevant for cardiovascular disease as well, which therefore creates a platform for the current global campaign to limit the use of sugary foods and drinks. It seems logical that high caloric intake may lead to overweight and obesity, which in turn are associated with increased cancer risk, but is there a direct link between sugary foods or beverages and cancer? The above study on endometrial cancer did find a significant association with high sugar intake but, in fact, there is a relatively paucity of data on this issue, and the existing data on cancer in general are not uniform [2]. Being a growth factor, there is no surprise that hyperinsulinemia, in the set-up of insulin resistance, may be associated with the development of cancer [3]. Chronic hyperinsulinemia in insulin-resistant patients increases bioavailability of IGF-I. Many clinical and epidemiological studies have shown that excess body weight gain, associated with hyperinsulinemia, insulin resistance and dyslipidemia, may be a major risk factor for certain types of tumors, including colon and breast cancer. However, a direct contribution of a high caloric intake or a high consumption of sugary foods and beverages to increased cancer risk should not automatically be assumed. As an example, it is well established that obesity is associated with increased risk for ovarian cancer [4], but data on the potential effects of diet in this respect are inconsistent. A recently published study supports the previous findings, as no evidence of an association between consumption of sugary foods and beverages and ovarian cancer risk could be established, although there was a suggestion of increased risk associated with sugary drink intake (each additional serving of sugary drinks per 1000 kcal: OR 1.63, 95% CI 0.94–2.83) [5]. The investigators also pointed out that they did not find consistent evidence that sugar consumption and ovarian cancer risk were negatively impacted by central adiposity or excess weight. 
 
The same cluster of the aforementioned risk parameters applies to breast cancer as well. In the Canadian National Breast Screening Study, a statistically significant positive trend was observed between energy intake and breast cancer risk (p (trend) = 0.01), but body mass index was not independently associated with breast cancer [6]. There was evidence of an increased risk of breast cancer associated with a relatively high body mass index among postmenopausal women in the highest quartile level of energy intake (hazard ratio 1.72, 95% CI 1.01–2.93, p (trend) = 0.05).
 
Cancer prevention guidelines recommend a diet rich in fruits, vegetables and whole grains, recommend limiting sugary foods and beverages, red and processed meats, sodium and alcohol, and recommend avoiding foods contaminated with carcinogens. It is a pity, however, that young people, the best target population for implementing this dietary advice, typically do not meet the daily recommendations for fruit, vegetable, or whole grain consumption and are over-consuming energy-dense, sugary and salty foods [7]. Once again, it is our duty as physicians to provide education on this important issue to our patients.

Comentario

Se afirma que un tercio de las muertes por cáncer que se producen en los Estados Unidos cada año se atribuyen a la actividad física y los hábitos dietéticos, incluido los efectos nocivos del exceso de peso y la obesidad. Los mismos factores de riesgo son también relevantes para las enfermedades cardiovasculares, lo cual crea una plataforma para la actual campaña global de limitar el uso de alimentos y bebidas azucaradas. Parece lógico que el alto consumo de calorías puede llevar al sobrepeso y la obesidad, que a su vez se asocia a un mayor riesgo de cáncer, pero ¿existe una relación directa entre los alimentos o bebidas azucaradas y el cáncer? El estudio citado arriba sobre el cáncer de endometrio encontró una asociación significativa con el consumo alto de azúcar, pero, de hecho, existe una relativamente escasez de datos sobre este tema y los datos existentes sobre el cáncer en general no son uniformes [2]. Siendo un factor de crecimiento, no es ninguna sorpresa que la hiperinsulinemia, en lo que respecta a resistencia a la insulina, pueda estar asociada al desarrollo de cáncer [3]. La hiperinsulinemia crónica en pacientes resistentes a la insulina aumenta la biodisponibilidad de IGF-I. Muchos estudios clínicos y epidemiológicos han demostrado que el excesivo aumento de peso corporal, asociado con la hiperinsulinemia, resistencia a la insulina y dislipidemia, puede ser un importante factor de riesgo para ciertos tipos de tumores, incluyendo cáncer de colon y de mama. Sin embargo, no debería asumirse automáticamente una contribución directa de un alto consumo de calorías o un alto consumo de alimentos y bebidas azucaradas a mayor riesgo de cáncer. A modo de ejemplo, es bien sabido que la obesidad se asocia con un mayor riesgo de cáncer de ovario [4], pero los datos sobre los posibles efectos de la dieta en este sentido son inconsistentes. Un estudio publicado recientemente apoya los hallazgos anteriores, ya que no se pudo establecer una asociación entre el consumo de alimentos y bebidas azucaradas y el riesgo de cáncer de ovario, aunque hubo una sugerencia de un mayor riesgo asociado al consumo de bebidas azucaradas (cada porción adicional de bebidas azucaradas por cada 1000 kcal: OR 1.63, IC del 95%: 0.94 a 2.83) [5]. Los investigadores también señalaron que no encontraron evidencia consistente de que el consumo de azúcar y el riesgo de cáncer de ovario se vieron afectados negativamente por la adiposidad central o el exceso de peso.

El mismo grupo de los parámetros de riesgo antes mencionados también se aplica al cáncer de mama. En el Estudio Canadiense de Cribado Nacional de Mama, se observó una tendencia positiva estadísticamente significativa entre el consumo de energía y el riesgo de cáncer de mama (p (tendencia) = 0.01), pero el índice de masa corporal no se asoció de forma independiente con el cáncer de mama [6]. Hubo evidencia de un mayor riesgo de cáncer de mama asociado a un índice relativamente alto de masa corporal entre las mujeres postmenopáusicas en el cuartil más alto de ingesta energética (cociente de riesgos 1.72; IC del 95%: 1.01 a 2.93, p (tendencia) = 0.05).

Las guías para la prevención del cáncer recomiendan una dieta rica en frutas, verduras y granos enteros, y recomiendan limitar los alimentos y bebidas azucaradas, las carnes rojas y procesadas, el sodio y alcohol, y evitar alimentos contaminados con sustancias cancerígenas. Es una lástima, sin embargo, que los jóvenes, la mejor población objetivo para la implementación de este asesoramiento dietético, por lo general no cumplan con las recomendaciones diarias de frutas, verduras, o el consumo de granos enteros y están consumiendo en exceso alimentos salados, azucarados o de energía densa [7]. Una vez más, es nuestro deber como médicos proporcionar a nuestros pacientes educación sobre este tema tan importante.

Amos Pines
Department of Medicine T, Ichilov Hospital, Tel-Aviv, Israel

    References

  1. . Kushi LH, Doyle C, McCullough M, et al. American Cancer Society Guidelines on nutrition and physical activity for cancer prevention: reducing the risk of cancer with healthy food choices and physical activity. CA Cancer J Clin 2012;62:30-67.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22237782

  2. King MG, Chandran U, Olson SH, et al. Consumption of sugary foods and drinks and risk of endometrial cancer. Cancer Causes Control. 2013 May 9. Epub ahead of print
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23657460

  3. Arcidiacono B, Iiritano S, Nocera A, et al. Insulin resistance and cancer risk: an overview of the pathogenetic mechanisms. Exp Diabetes Res 2012;2012:789174.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22701472

  4. Hunn J, Rodriguez GC. Ovarian cancer: etiology, risk factors, and epidemiology. Clin Obstet Gynecol 2012;55:3-23.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22343225

  5. King MG, Olson SH, Paddock L, et al. Sugary food and beverage consumption and epithelial ovarian cancer risk: a population-based case-control study. BMC Cancer 2013;13:94.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23442818

  6. Silvera SA, Jain M, Howe GR, Miller AB, Rohan TE. Energy balance and breast cancer risk: a prospective cohort study. Breast Cancer Res Treat 2006;97:97-106.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16319973

  7. Holman DM, White MC. Dietary behaviors related to cancer prevention among pre-adolescents and adolescents: the gap between recommendations and reality. Nutr J 2011;10:60.
    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21631948