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Menopause Live - IMS Updates
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Date of release: 13 May, 2013 (Mayo 13, 2013)

Endogenous androgen and body fat in the menopause

Menopause is associated with dramatic changes in a woman’s hormonal and metabolic profile. Whereas menopause per se does not seem to affect body weight, the estrogen decline around menopause is associated with a body fat redistribution favoring an android pattern [1]. Furthermore, although incapable of producing estrogens, the postmenopausal ovary remains an active endocrine organ, contributing substantially to the circulating androgen pool [2]. Cao and colleagues [3] in their recent paper conducted a cross-sectional study in early (≤ 5 years) and late (≥ 10 years) postmenopausal women to investigate the association of these two parameters, namely body fat distribution and circulating serum androgens. Late postmenopausal women had a higher percentage of body fat, compared to their younger counterparts, although body mass index (BMI) did not differ between groups. Both early and late obese postmenopausal women had higher androgen levels and more abdominal fat compared to women with normal weight. Serum androgens (free testosterone in early and DHEAS in late postmenopausal women) showed an independent and significant positive association with abdominal adiposity.

Andrógenos endógenos y grasa corporal en la menopausia

La menopausia se asocia a cambios dramáticos en el perfil hormonal y metabólico de una mujer. Mientras que la menopausia per se parece no afectar el peso corporal, la disminución de estrógenos en torno a la menopausia se asocia con una redistribución de la grasa corporal que favorece un patrón androide [1]. Además, aunque incapaces de producir estrógenos, el ovario después de la menopausia sigue siendo un órgano endocrino activo, que contribuye sustancialmente al nivel de andrógeno circulante [2]. Cao y colegas [3] en su artículo reciente realizaron un estudio transversal en mujeres postmenopáusicas tempranas (≤ 5 años) y tardías (≥ 10 años) para investigar la asociación de estos dos parámetros, a saber, la distribución de la grasa corporal y andrógenos séricos circulantes. Las mujeres postmenopáusicas tardías tenían un mayor porcentaje de grasa corporal, en comparación con sus contrapartes más jóvenes, aunque el índice de masa corporal (IMC) no difirió entre los grupos. Ambas mujeres obesas postmenopáusicas tempranas y tardías tenían niveles más altos de andrógenos y más grasa abdominal en comparación con las mujeres con peso normal. Los andrógenos séricos (testosterona libre en las postmenopáusicas tempranas y DHEAS en las tardías) mostraron una asociación positiva independiente y significativa con la adiposidad abdominal.

Comment

The first important message of this paper is that body adiposity is not reflected by BMI as age increases. Although BMI was not different, the percentage of body fat was higher in older compared to younger postmenopausal women. This may imply that postmenopausal aging is associated either with an increase in fat mass or with a decrease in lean mass. The latter phenomenon, described as sarcopenia, is particularly prevalent in the elderly and is associated with considerable morbidity and mortality. Sarcopenia is the pathophysiological mechanism explaining the ‘obesity paradox’: elderly people with ‘normal’ BMI show higher mortality rates compared to overweight individuals of the same age, a finding that probably reflects the effect of low lean mass [4]. When assessing anthropometric parameters in aging postmenopausal women, therefore, BMI is not a reliable indicator of adiposity and body composition parameters should be used in taking intervention decisions.
 
The second crucial message of the study by Cao and colleagues [3] is that obesity in the postmenopausal woman is hormonally and metabolically more harmful, compared to the woman of reproductive age. Postmenopausal women, either younger or older, store excess fat in the abdominal region. Abdominal fat is a cardinal feature of the metabolic syndrome, a major contributor to cardiovascular mortality in postmenopausal women. Insulin resistance is the principal pathogenetic pathway, mediating the endocrine impact of abdominal obesity: the efflux of free fatty acids to the liver and the resulting high triglyceride levels decrease liver insulin sensitivity and muscle glucose uptake [5]. Elevated insulin levels, on the other hand, have a stimulating effect on postmenopausal ovarian androgen production, both directly and indirectly, by increasing luteinizing hormone (LH) receptors in the ovarian stroma, an effect amplified by the postmenopausal high levels of LH [2]. In a recent prospective analysis of 1500 perimenopausal women who were followed up for 9 years, it became evident that higher trunk fat resulted in future higher testosterone levels, indicating that the abdominal adiposity precedes the alterations in postmenopausal androgens [6].
 
High androgen levels in women may confer an independent cardiovascular risk, as indicated by experimental studies on the effect of testosterone on the vasculature and by clinical studies in women with androgen excess conditions like polycystic ovarian syndrome [6].  
 
In conclusion, menopause has major cardiometabolic consequences, one of the principal being central fat accumulation. The accompanying insulin resistance, along with lean mass decrease due to inactivity and sex hormone decline, accelerates the aging process and increases cardiovascular risk. Intervention measures should primarily aim to preserve body lean mass, as this is the main way to increase insulin sensitivity and to ensure fitness in older age. As regular physical exercise predicts physical performance in later life [7], women should be encouraged to incorporate exercise in their daily routine as a natural and effective way to counterbalance the metabolic impact of menopause.

Comentario

El primer mensaje importante de este estudio es que la adiposidad corporal no se refleja por el IMC a medida que aumenta la edad. Aunque el IMC no fue diferente, el porcentaje de grasa corporal fue mayor en las mayores en comparación con las mujeres postmenopáusicas más jóvenes. Esto puede implicar que el envejecimiento postmenopáusico se asocia ya sea con un aumento de la masa grasa o con una disminución de la masa magra. Este último fenómeno, descrito como sarcopenia, es particularmente frecuente en los ancianos y se asocia con una considerable morbilidad y mortalidad. La sarcopenia es el mecanismo fisiopatológico que explica la "paradoja de la obesidad": las personas de edad avanzada con IMC "normal" que muestran mayores tasas de mortalidad en comparación con los individuos con sobrepeso de la misma edad, un hallazgo que probablemente refleja el efecto de la masa magra baja [4]. Al evaluar los parámetros antropométricos en las mujeres postmenopáusicas que envejecen, por lo tanto, el IMC no es un indicador fiable de adiposidad y parámetros de composición corporal deberían ser utilizados en la toma de decisiones de intervención. El segundo mensaje crucial del estudio por Cao y colaboradores [3] es que la obesidad en la mujer posmenopáusica es hormonalmente y metabólicamente más perjudicial, en comparación con la mujer en edad reproductiva. Las mujeres posmenopáusicas, ya sea joven o mayor, almacenan el exceso de grasa en la región abdominal. La grasa abdominal es una característica cardinal del síndrome metabólico, un importante contribuyente a la mortalidad cardiovascular en mujeres postmenopáusicas. La resistencia a la insulina es la principal vía patogénica, que media los efectos endocrinos de la obesidad abdominal: el flujo de salida de los ácidos grasos libres en el hígado y los niveles altos de triglicéridos como resultado de esto disminuyen la sensibilidad a la insulina hepática y captación muscular de glucosa [5]. Los niveles elevados de insulina, por otro lado, tienen un efecto estimulante sobre la producción ovárica de andrógenos después de la menopausia, tanto directa como indirectamente, mediante el aumento de receptores de la hormona luteinizante (LH) en el estroma ovárico, un efecto amplificado por los altos niveles de LH postmenopáusicos [2]. En un reciente análisis prospectivo de 1500 mujeres perimenopáusicas que fueron seguidas durante 9 años, se hizo evidente que el aumento de la grasa del tronco resultó en niveles más altos de testosterona, lo que indica que la adiposidad abdominal precede a las alteraciones en los andrógenos postmenopáusicos [6]. Los altos niveles de andrógenos en las mujeres pueden conferir un riesgo cardiovascular independiente, como se evidencia en estudios experimentales sobre el efecto de la testosterona sobre la vasculatura y estudios clínicos en mujeres con condiciones de exceso de andrógenos como el síndrome de ovario poliquístico [6]. En conclusión, la menopausia tiene importantes consecuencias cardiometabólicas, una de las principales es la acumulación de grasa central. La resistencia a la insulina que acompaña, junto a la disminución de la masa magra, debido a la disminución de la inactividad y la hormona sexual, acelera el proceso de envejecimiento y aumenta el riesgo cardiovascular. Las medidas de intervención deben apuntar principalmente a preservar la masa magra del cuerpo, ya que es la principal forma de aumentar la sensibilidad a la insulina y garantizar buen estado físico en la edad avanzada. Como el ejercicio físico regular predice el rendimiento físico en la edad adulta [7], las mujeres deben ser alentadas a incorporar el ejercicio en su rutina diaria como una forma natural y eficaz de contrarrestar el impacto metabólico de la menopausia.

Irene Lambrinoudaki


Associate Professor of Gynecological Endocrinology, Medical School, University of Athens, Greece and Vice President of the European Menopause and Andropause Society



    References

  1. Davis SR, Castelo-Branco C, Chedraui P, et al. Understanding weight gain at menopause. Climacteric 2012;15:419-29.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22978257

  2. Androgen production and therapy in women, UpToDate


    http://www.uptodate.com/contents/androgen-production-and-therapy-in-women?source=search_result&searc

  3. Cao Y, Zhang S, Zou S, Xia X. The relationship between endogenous androgens and body fat distribution in early and late postmenopausal women. PLoS One 2013;8:e58448.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23484029

  4. Chang SH, Beason TS, Hunleth JM, et al. A systematic review of body fat distribution and mortality in older people. Maturitas 2012;72:175-91.


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22595204

  5. Insulin action. UpToDate


    http://www.uptodate.com/contents/insulin-action?source=search_result&search=abdominal+fat+metabolism

  6. Wildman RP, Tepper PG, Crawford S, et al. Do changes in sex steroid hormones precede or follow increases in body weight during the menopause transition? Results from the Study of Womens Health Across the Nation. J Clin Endocrinol Metab 2012;97:E1695-704


    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22723312


El siguiente comentario es una traducción de una contribución original en Inglés enviada a los miembros el Diciembre 10, 2012. La traducción ha sido gentilmente efectuada por el

Dr Carmen Troya

Volumen del hipocampo y la terapia hormonal

Wnuk y sus colegas han presentado recientemente un resumen y revisión de los estudios de investigación que tratan sobre el impacto de la terapia hormonal (TH) en la estructura del hipocampo [1]. Después de primero describir una literatura científica básica robusta que muestra la estructura y función mejorada del hipocampo, la revisión se enfoca en el volumen del hipocampo medido en las mujeres postmenopáusicas, usando imágenes no invasivas estructurales de resonancia magnética. El volumen del hipocampo es una medida clínicamente relevante de la estructura del cerebro, ya que, las reducciones en el volumen del hipocampo están asociadas con un riesgo incrementado de desarrollar la enfermedad de Alzheimer [2]. De acuerdo con la revisión, alrededor de la mitad de los estudios realizados hasta la fecha, muestran un aumento del volumen del hipocampo entre las mujeres que utilizan TH, pero el estudio más grande – que viene del Estudio de Memoria de la Iniciativa de Salud de la mujer (WHIMS) – muestra una disminución del volumen del hipocampo. La edad, la duración del tratamiento, el tiempo de inicio del tratamiento y la cantidad de ejercicio aeróbico se consideran como posibles modificadores del impacto de la TH en el volumen del hipocampo, pero no se tienen conclusiones firmes. La conclusión de la revisión es que los hallazgos del efecto de la TH sobre el volumen del hipocampo son ambiguos y limitados por los diseños transversales. Además, sin un ensayo clínico aleatorizado del efecto de la TH sobre el volumen del hipocampo, no está claro si hay algún efecto de la TH sobre este marcador sustituto.

Comentario

¿Qué tan importante como resultado es el volumen del hipocampo en la comprensión de los efectos de la TH sobre el envejecimiento cerebral y el riesgo de demencia? ¿Qué valor puede añadir por encima y más allá del rendimiento de la memoria? La importancia clínica del volumen del hipocampo se ha investigado extensamente en la literatura de la enfermedad de Alzheimer y es quizás más relevante para entender el impacto de la TH en el riesgo de demencia. Un número de estudios longitudinales han demostrado que las reducciones en el volumen del hipocampo son un predictor fiable de conversión a la enfermedad de Alzheimer a partir de la fase preclínica de deterioro cognitivo leve (MCI). Por ejemplo, un volumen pequeño del hipocampo, ha demostrado que aumenta el riesgo de la enfermedad de Alzheimer casi tres veces [3]. Además, una mayor pérdida de volumen del hipocampo en el tiempo, distingue a las personas que desarrollan MCI de aquellas que no lo hacen [4]. Así, las mujeres que mantienen mayores volúmenes del hipocampo a medida que envejecen son mucho menos propensas a desarrollar la enfermedad de Alzheimer que las mujeres que pierden el volumen del hipocampo a un ritmo elevado. Fundamentalmente, sin embargo, hay limitaciones en la utilización del volumen del hipocampo como un marcador sustituto para el riesgo de demencia. Información sobre el volumen del hipocampo no mejoran sustancialmente la exactitud predictiva de los modelos estadísticos que incluyen la edad y el desempeño en pruebas cognitivas [3]. En otras palabras, el valor agregado de las medidas de volumen del hipocampo es pequeño cuando se dispone de la edad y el desempeño en pruebas cognitivas. Además, algunas evidencias sugieren que el volumen de la corteza entorrineal podría ser más preciso que el volumen del hipocampo en predecir quienes desarrollarán demencia [5]. Por último, hay pruebas de que incluso, aun las evaluaciones longitudinales del volumen del hipocampo tienen un valor predictivo limitado cuando se comparan con una evaluación única transversal de patrones más complejos de la estructura cerebral [6]. A pesar de estas limitaciones, las evidencias fuertes de que la TH se asoció con un aumento del volumen del hipocampo pueden ser ampliamente vistos como evidencia de que la TH es neuroprotector. De manera similar, una fuerte evidencia de que la TH se asoció con una disminución del volumen del hipocampo se ve extensamente como evidencia de que la TH es perjudicial para el cerebro. Las medidas de volumen del hipocampo han demostrado ser particularmente útiles para comprender por qué el riesgo de demencia se duplicó con la TH en la Iniciativa de Salud de las Mujeres (WHI). Muchos en la comunidad de investigadores y médicos atribuyen el aumento del riesgo de demencia con la TH a la enfermedad subclínica cerebrovascular (es decir, la carga isquémica), opinión que fue refutada por la demostración de que la carga isquémica no difirió entre los grupos de tratamiento activo y placebo en una muestra de 1403 participantes del WHIMS [7]. En cambio, fue la atrofia cerebral lo que se asoció con el aumento del riesgo de demencia con la TH en el WHIMS [8]. El volumen del hipocampo y el volumen del lóbulo frontal fue menor entre las mujeres aleatorizadas a estrógenos equinos conjugados (EEC) o EEC/acetato de medroxiprogesterona en comparación con las mujeres asignadas a placebo [8]. Particularmente, la atrofia en estas dos áreas del cerebro fue mayor entre las mujeres cuya función cognitiva fue baja al inicio del estudio, lo que sugiere que la TH debe evitarse en mujeres con deterioro cognitivo. En un estudio posterior, los pequeños volúmenes del hipocampo se asociaron con un deterioro cognitivo leve en las mujeres asignadas al azar a TH, mientras que un mayor volumen de la lesión isquémica en el lóbulo frontal se asoció a un deterioro cognitivo leve en mujeres asignadas al azar a placebo [9]. Estos hallazgos apoyan la opinión de que la relación entre el deterioro cognitivo y TH reflejan atrofia cerebral, no enfermedad isquémica. Estos datos indican que en el WHI también es importante considerar la función cognitiva basal como un determinante del impacto de la TH en el volumen del hipocampo. Por lo tanto, si los datos sobre TH son equívocos con respecto a TH, ¿cómo pueden las mujeres postmenopáusicas mantener un cerebro sano al envejecer? Aquí está las buenas noticias. Existe evidencia de que el ejercicio aeróbico [10], la práctica de ejercicio [11], el índice de masa corporal normal [12] y, la meditación a largo plazo[13], todos pueden ayudar a mantener el volumen del hipocampo con la edad.

Pauline Maki

Associate Professor of Psychiatry and Psychology, Center for Cognitive Medicine, University of Illinois at Chicago, Chicago, USA

References

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